Nos reíamos mucho al principio. Nos gustaba leer juntos el Caballo Rojo suplemento dominical del Diario de Marka; el primer y unico diario de izquierda en el Perú que tuvo éxito. Este suplemento traía interesantes artículos sobre literatura, cine y critica en general y alli por primera vez escuche y lei a su director Antonio Cisneros. Y lo mismo cuando llegaba un nuevo número de la revista Correspondencia Internacional que nuestra corriente publicaba mensualmente. Era una buena manera de pasar los fríos y deprimentes domingos del invierno limeño.
Debo confesar que con ella se me pego algo del acento argentino, que confieso me fastidió pero que sucede sin que uno no se percate.
Me libre fácilmente del intento de Andrea para que aprendiera a tomar mate. Me invito una vez y fue suficiente, era amargo y convinimos en que lo mejor era que cada uno tomara lo que quisiera. Nos gustaba comer champú de guanábana que vendían en una dulcería que abrieron en la esquina de Colmena con Lampa. O un sándwich de jamón en el Chinito que quedaba en el Jirón Chancay exactamente a la espalda del local central.
Me gustaba verla discutir en las reuniones de la Juventud que yo miraba de lejos. En esos años los hombres no estábamos acostumbrados a que una mujer levante la voz. A veces salía ofuscada de la reunión: con las mejillas sonrojada y los ojos brillantes y unas pocas veces furiosa.
“Andrea grita mucho” se quejaba conmigo, uno de sus compañeros medio en broma, medio en serio, “Siéntate más lejos de ella” le decía yo, “¿Como la soportas?” me decía otro asegurándose que ella no lo escuchara. ”No sé, de repente porque yo no discuto de politica con ella”
Pero poco a poco la relación fue cambiando, más que pareja enamorada éramos dos buenos amigos. Se mantenía el nivel de confianza, pero la atracción física había menguado. Si antes nos pasábamos el tiempo demostrándonos afecto y hablando y riendo, de un tiempo a esta parte los diálogos eran sobre temas políticos más que personales, los silencios habían crecido y las risas solo llegaban a ser sonrisas.
Aun nos gustaba pasar tiempo juntos, pero luego de seis meses las cosas habían cambiado y un buen día me sorprendí pensando “¿Que hago aquí yo con ella? ¿A dónde vamos?” y me asuste al no tener respuestas.
El siguiente viernes fuimos como de costumbre a tomar un café en los Huerfanitos del centro de Lima y planear el fin de semana. Esta vez la conversación fue diferente: admitimos que nos habíamos equivocado y que lo mejor era vernos como buenos amigos y decidimos dejar la relación allí. Sin dramas, sin reproches. Ella se fue al cumpleaños de una amiga y yo me fui a mi casa.
Al día siguiente era sábado y habíamos estado trabajando desde temprano en el local ayudando a imprimir unos volantes en el mimeógrafo. Era como las once de la mañana, habiamos terminado de poner todo en orden y estábamos solos. Nos miramos y ambos sabíamos que esta era la despedida. Se había acabado. La atracción, la magia simplemente había desaparecido. No hubo drama.
“Mañana recojo mis cosas. Si no te encuentro, te dejo la llave con Roque o en la maceta” Le dije.
“Está bien. Ya tengo un buen recuerdo de ti. No sos un chanta.”
Chanta es en la jerga argentina es alguien poco confiable.
“¿No acabo de irme y ya soy un recuerdo?”
“Pero me gusto conocer las librerías del Jirón Camana”.
Esto último me sorprendió y nos reímos, después de mucho tiempo, de buena gana. De repente lo hacíamos de alivio.
Al salir nos dimos un fuerte abrazo y un cariñoso beso de despedida. “Cuídate” me dijo. “Tú también”. Sonrió, se dio media vuelta y se fue por el jirón Azángaro.
Teniendo que ir por esa misma calle, espere un momento y preferí irme por Puno. Ha sido la manera más civilizada de terminar una relación.
Luego no nos hicimos buenos amigos, ninguno busco al otro para conversar y la verdad es que no me provocaba hacerlo y creo que a ella tampoco.
No le conocí pareja alguna después de lo nuestro, por lo menos que yo me haya enterado y unos meses después alguien me dijo que se había ido a Colombia.
Por cierto, sonara extraño pero nunca supe su verdadero nombre.



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