10. MEMORIAS EL ÉXITO QUE DESNUDÓ DEBILIDADES POLITICAS

Los años 77 y 78 fueron agitados para el pais, tras el anuncio de la convocatoria a una Asamblea Constituyente y posteriores elecciones generales el gobierno militar ya en retirada trataba de hacerlo dejando “en orden” el pais dictando una serie de medidas en un intento de controlar la crisis económica y tambien medidas políticas para controlar las protestas de la población en general y el movimiento estudiantil y sindical en particular quienes enfrentaban mas belicosamente estas medidas.

El octavo conjunto de medidas económicas, bautizadas popularmente como paquetazos, elimino el subsidio de un conjunto de bienes de consumo popular básico y los precios reaccionaron subiendo arriba del 50%. La indignación popular y las manifestaciones de protestas fueron inmediatas y la CGTP tuvo que responder para no quedar descolocada frente al reclamo convocando un paro Nacional de 48 horas para el 22 y 23 de mayo.

Asi los partidos políticos se encontraron con un panorama doble que les exigía respuesta: por un lado las crecientes manifestaciones de protestas populares a las que debían apoyar así sea tibiamente a fin de no perder presencia política y por otro lado la apertura del escenario político democrático para lo que debían poner en marcha su maquinaria electoral.

En el primer panorama el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) mantenía su política de apoyo permanente a las luchas de los trabajadores y veíamos todos los días como crecía la afluencia de trabajadores, sindicatos y estudiantes al local.

Por el lado electoral, en lo que fue su primera participación en procesos electorales el PST tomo la iniciativa de formar un Frente Político y así surgió la alianza política denominada Frente Obrero Campesino Estudiantil y Popular (FOCEP) en torno a Genaro Ledesma Izquieta y otros pequeños partidos.

El paro del 22-23 de mayo del 78 superó ampliamente al del 19 de julio del 77, tanto por su alcance nacional como por la masividad de las protestas callejeras que no estaban concentradas en el centro de Lima, sino que abarcaban casi todos los distritos, sobre todo en los conos. Lo mismo sucedió en las capitales de provincias más importantes del país.

El gobierno respondió deportando al día siguiente del paro, el 24 de mayo a Argentina a 13 opositores políticos entre ellos varios candidatos como Hugo Blanco, Javier Diez Canseco y otros incomodos para ellos como el periodista Alfonso Baella Tuesta. Esto a menos de un mes antes de las elecciones para Asamblea Constituyente convocadas para el 18 de junio.

La participación electoral del PST fue casi fantasmal. La escasez de recursos para enfrentarla fue notable y casi imposible de creer. Con unas pocas docenas de militantes, unos pocos millares de volantes, tres banderolas de 5x2 mts., un lote de afiches obtenido a credito donde se llamaba a votar por Hugo Blanco marcando en la boleta electoral S3, dos presentaciones gratuitas en TV y poco más hizo toda su campaña.

Fue en esas dos presentaciones en TV donde Blanco demostró ser un gran agitador y con un lenguaje sencillo y directo capturo la atención de la gente que estaba harta de la dictadura militar, de la corrupción y de la difícil situación económica. El mensaje fue efectivo y engancho con el tremendo descontento popular.

El 18 de junio se realizaron las elecciones. Los resultados electorales reafirmaron al APRA como la principal fuerza política, obteniendo el 35% de los votos y su líder Víctor Raúl Haya de la Torre sobrepasó el millón de votos.

Pero la sorpresa para todos, nosotros en primer lugar fue la votación para el FOCEP (a la izquierda de la izquierda de la época) y para el propio Hugo Blanco. Más de 400,000 votos marcaron S3, siendo el candidato más votado de la izquierda y el tercero a nivel nacional. Nunca un dirigente de izquierda o trotskista a nivel mundial había alcanzado tal respaldo político.

El efecto de los resultados electorales sobre el PST fue el de un huayco: aparecían locales por todo Lima y en el interior del país y la asistencia al Local Central era masiva y permanente, algunos queriendo afiliarse al partido y preguntando si le íbamos a dar un carnet, si había cursos de oratoria o de formación política, otros más bizarros preguntando si necesitábamos algún tipo de trabajo que ellos podían realizar, si podíamos gestionar una atención médica en el Rebagliati y así todo tipo de razones recibiendo todos ellos respuestas que no les gustaban: que no dábamos carnet, que posiblemente se pudiera requerir algún trabajo pero que no podíamos pagarlo, que no podíamos gestionar atenciones médicas. Me llamo la atención la gente que solamente llegaban, se sentaban a conversar y luego se iban.

Esta marea humana sobrepaso largamente la débil por no decir inexistente estructura partidaria.

Los que si recibían una respuesta positiva eran los que invitaban a Blanco a la inauguración de un nuevo local. Estos eran atendidos por una pareja de chicos que sentados en una mesita oficiaban de secretarios personales de él, aceptando o negando citas en una agenda para inauguración de nuevos locales supuestamente partidarios. Este hecho me llamo la atención, me preguntaba quien estaba a cargo de dicha tarea.

Le pregunte a Roque si él sabía algo de eso. “No, pero podemos averiguarlo” me dijo.

Para saberlo asistimos esa noche en un viejo VW celeste que conseguimos prestado a la inauguración de un local del PST, abierto por los propios vecinos en El Ermitaño (nombre de la urbanización cerca de lo que es ahora Plaza Lima Norte) a ½ cuadra de la Av. Tupac Amaru en un segundo piso. No era exactamente un segundo piso, era el techo del primero más las columnas del segundo y en dos de las cuales habían colgado una banderola anunciando ser el Comité del PST en El Ermitaño que daba la bienvenida al compañero Hugo Blanco.

Efectivamente era lo que nos temíamos. Usaban el logo, el nombre del partido para entregar a Blanco una serie de requerimientos básicos: luz, agua, etc., este los recibía y luego del discurso standard contra la dictadura militar y la lucha es el camino daban por concluida la ceremonia para asistir a otra invitación Blanco se retiraba luego de cargar niños, apretar manos y besar cachetes.

Nos confirmaron que cada noche se repetía la historia: iba Blanco a una zona de Lima a inaugurar un local, hablaba 15 minutos, se tomaba fotos, recibía los papeles de los dirigentes con el pedido de la población: luz, agua, desagüe, policía, posta médica, títulos de propiedad, reconocimiento legal, etc. y luego de aceptar la comida para llevar, ya que todos le invitaban comida como si no fuera ya suficientemente grande, salía disparado a otra inauguración. De lunes a domingo a veces 2 o 3 inauguraciones por noche. Y también llegaban invitaciones (o a veces directamente delegaciones) de provincias.

“Esto es una desgracia. Nos va a traer problemas” dijo Roque en el camino de regreso. Solo asentí y no hablamos más del tema. ¿Quién le podía decir a Blanco con el respaldo político de 400,000 votos en su mochila lo que debía o no decir?

A los pobladores nunca se les explicaba que sus legítimos requerimientos no podían ser “atendidos” por él ya que un congresista no construye pistas, veredas, etc. que son tareas propias del poder Ejecutivo.

¿Qué quedaba luego de esta inauguración?: nada. Lo peor es que por ser populistas y no hablar claro, se acumulaban los pedidos que no era atendidos y el descredito crecia y se acumulaba. Los dirigentes vecinales presionados por la gente iban a buscar la solución al local del PST preguntando por Blanco. Y solo querían hablar con él.

Allí me percate que al interior del PST había un conflicto entre dos puntos de vista, dos enfoques politicos: el de Blanco y la gente que lo rodeaba y que acababa de ver en acción y el que tenían o teníamos los demás. Pero había un factor más a considerar.

Nunca la izquierda había tenido mayor protagonismo en la escena política y por ello había gran confusión. Los maoístas no sabían que había pasado, de repente “los troskos” les habían robado su queso. Usando como siempre un lenguaje alambicado atribuían los resultados a “el aun existente bajo nivel político de las masas”.

Pero oportunistas como siempre y superado el shock inicial trataron de llevar a Hugo Blanco para sus filas invocando el mantra de la unidad de la izquierda. El tremendo apoyo popular que había mostrado tener él no se podía ignorar, ellos querían, necesitaban esos votos. La izquierda que hasta horas antes de las elecciones descalificaba o ignoraba a Blanco y a los trotskistas ahora lo adulaba sin ambages.

Los trotskistas tampoco sabían que hacer. El burro toco la flauta, pero eso no lo convirtió en músico. El PST era demasiado pequeño y marginal para que sus aciertos les generasen réditos políticos. Un partido serio y fuerte no se construye en un año por más respaldo popular que tenga, se puede si organizar un movimiento alrededor de un caudillo que durara lo que dure la ola que lo encumbro, luego todo desaparece.

Pero el oportunismo estaba desatado en la izquierda. Las fotos de Lucar cargando a Hugo Blanco en el aeropuerto a su llegada al Perú tras su deportación y luego cargandolo nuevamente cuando hace su ingreso al Congreso debe ser el más vergonzoso ejemplo de oportunismo y lambisconería política jamás visto.

La Asamblea Constituyente se instaló el 28 de Julio del 78. Un día antes el gobierno de manera sorpresiva había concedido TODO el pliego de reclamos del SUTEP que llevaba ya dos meses en huelga.

El gobierno quien desde el primer momento habia señalado que la nueva Constitución deberia incluir las reformas hechas por ellos, anuncio que respetaría la autonomía de la Asamblea Constituyente que el viejo Haya reclamó para ella. Era lo mejor sostenían los apristas para librarse de los militares en el poder.

Luego del anuncio, todo los constituyentes del PPC, el APRA y pequeños grupos aceptaron las reglas del gobierno militar, limitándose a elaborar y discutir el nuevo texto constitucional, que debera preservar las reformas hechas por este, y esto a pesar de saber que no existe institución con mayor poder democrático que una Asamblea Constituyente: unica institución capaz de recrear completamente la institucionalidad de un pais.

¿Y la izquierda? Toda la izquierda acepto las reglas de la dictadura para después jurar un texto inflamado y combativo y con el puño en alto frente a las cámaras.

Pero mi preocupación era como iba a desenvolverse y terminar el conflicto que teníamos al interior.

Sigue......

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