9 MEMORIAS UN NUEVO MILITANTE

Mi asistencia regular a las charlas de los jueves no había pasado desapercibida, y fue Blanca quien al final de una de ellas me invito a participar directamente como aspirante en las reuniones semanales de una célula del Partido. Me preguntó si quería participar en una de la juventud o en una de trabajadores. Casi sin pensarlo me incline por la segunda opción.

Fui empezando a conocer a todos por sus nombres como Toño, Roque, Tito, Ney, Simón, Victoria, Carlota, Lucia, Elsa, Andrea, etc. o sus apellidos: Balboa, Monroy, Figueroa, Hutchins que podían o no coincidir con el real. Los jóvenes eran más inclinados a usar nombres conocidos como “chapas” diferente a los propios, supongo que para darle un aire de clandestinidad o aventura a su militancia.

Mi grupo era conocido simplemente como Sindical y estaba formado por trabajadores (obreros y empleados) que eran militantes o simpatizantes del Partido. Era un equipo diverso y más serio que el de los jóvenes. Me gustaba porque eran concretos en sus propuestas, más ejecutivos y no eran dados a discutir demasiado por tanto las reuniones no se prolongaban mucho. Nos reuníamos una vez por semana en la noche.

En las primeras reuniones yo permanecía en silencio escuchando: el mundo de la labor sindical y la labor política aun me eran desconocidas. Varios de los allí asistentes tenían no menos de 10 años de experiencia en estos temas, dos de ellos eran en esos momentos secretarios generales de sus sindicatos y varios de ellos habian sido dirigentes sindicales electos por sus compañeros. Además de las reuniones de partido, los compañeros me invitaban a sus reuniones sindicales para conocer y que me conozcan. En esos días era común ver muchos militantes de izquierda -jóvenes universitarios en su mayoría- en las puertas de las fábricas o de los locales sindicales situados en las Avenidas Venezuela, Argentina y Colonial que eran verdaderos cordones industriales. Y los dias de pago semanal que eran viernes o sábado, llegaban la señora del menu diario a cobrar con libreta en mano y algunas esposas esperaban a sus cónyuges para recordarles sus obligaciones antes que estos le dieran sustantivo recorte al salario semanal. Esos dias la salida de los trabajadores era desordenada y bulliciosa y se escuchaban las acidas bromas que se jugaban entre ellos. Los gritos con frases como “Gordo, gordo ¿En cuál de tus casas vas a dormir hoy?” “Señora, ya le han pagado horas extras a su esposo.” “Señora, pregúntele quien es Camucha” “Señora, no lo arañe”, “Pedro no salgas, están las dos” eran comunes y generaban risas entre ellos, aunque no siempre eran bien recibidas por las esposas.

Había algunos que llegaban a la esquina y agitaban alegremente su sobre manila del salario vacio y conocí un par de casos donde mas de la mitad del salario era descontado por razones judiciales generalmente por pensión para alimentos.

La política de captación de militantes en el PST peruano pretendía emular al modelo que seguía el PST argentino desde sus inicios decadas atras. Este desarrollaba su principal labor política en el movimiento obrero y durante muchos años no aceptaron el ingreso de estudiantes, y aquellos que se captaban tenían que ir a militar al movimiento obrero; es decir entrar a trabajar a una fábrica y realizar trabajo político sindical en las organizaciones obreras.

Predicando con el ejemplo Nahuel Moreno y Ernesto Gonzales dos de los más importantes dirigentes del PST argentino en su historia fueron estudiantes universitarios que se insertaron en la clase obrera. Ambos desarrollaron allí su labor sindical y política. Ernesto quien a poco de graduarse de profesor de Historia se insertó a trabajar en La Blanca uno de los grandes frigoríficos de la época y Nahuel participo activamente en la huelga del frigorífico Anglo-Ciabasa un sindicato con más de 15,000 obreros ubicado en Avellaneda.

Este modo de ganar adeptos, elitista en opinión de algunos se justificaba aduciendo que con ello se alejaba el carácter bohemio e intelectual de aquellos estudiantes que se alineaban con el trotskismo, cosa que era cierta. Aqui los primeros cuadros obreros fueron captados por la labor de Tuco, Tito, Blanca y otros pocos cuando eran estudiantes todos ellos.

En la célula sindical conocí a Enrique Fernández Chacón, el "Cochero", uno de los dirigentes obreros mas conocidos. Y lo vi en acción por primera vez, durante una asamblea de la desaparecida FETIMMP (Federación De Trabajadores de la Industria Metal Mecánica del Perú) otrora poderosa federación que agrupaba a decenas de sindicatos y que era escenario de una lucha permanente entre los distintos grupos de izquierda por controlarlo.

El Cochero era muy conocido y respetado allí como ex dirigente del sindicato de Motor Perú, una empresa ensambladora de autos. Cuando tomaba la palabra se hacía un silencio respetuoso en la Asamblea ya que solía hablar con calma y simplicidad y sus propuestas eran sensatas.

En honor a la verdad yo era uno de los pocos que, en el PST, viniendo del medio estudiantil, hacia labor política en el movimiento obrero.
Un par de meses despues de mi incorporación como aspirante, se informó el lanzamiento de una campaña de recolección de fondos.

Se tenía la caracterización que en los empleados estatales -clase media- existía un fuerte sentimiento democrático de fastidio con la dictadura y que veían a las elecciones como el camino para sacarlos del poder. Por lo tanto, se podía aprovechar ese genuino sentimiento contra la dictadura para difundir nuestras consignas democráticas, mostrar nuestra presencia y levantar fondos para el partido. Lo que se llamaba el “abrir el sector”, asi haciamos propaganda y además de recolectar fondos, podiamos ganar simpatizantes.

Cada uno de los integrantes del sector sindical, haría la campaña en su medio de trabajo, en mi caso escogí hacer la campaña en el Ministerio de Educación porque estaba muy cerca del local del partido, en la esquina de Abancay y la Colmena, todo el edificio estaba lleno de empleados, no conocía a nadie y nadie me conocía.

Elabore un argumento que era sencillo. Les decía: “Esta es una campaña de recolección de fondos por el derecho democrático del Partido Socialista de los Trabajadores a participar en las elecciones, nosotros no tenemos empresarios que nos financien, ni recibimos dinero del gobierno. Creemos que los trabajadores deben financiar al partido de los trabajadores.” Le entregaba a cambio una tarjeta agradeciendo su colaboración. Era como vender polladas sin pollo.

Creía que sería bien recibida y así fue. Con ese argumento literalmente barrí piso por piso, oficina por oficina el edificio. Habia escritorios con empleados por todas partes y no solamente vendia los bonos sino que conversaba con ellos y no les notaba prisas por cumplir sus tareas. En un par de oportunidades los funcionarios jefes me mandaron llamar a sus oficinas para saber que hacia yo alli hablando con su personal. Pero cuando les explicaba lo que hacia no solamente no se oponian a mi presencia sino que terminaban por comprar un bono. El fastidio contra los militares en el gobierno era mayoritario al interior del propio aparato  estatal. A la salida algunos ya me saludaban. Me dedique tres semanas a esta campaña.

Al ver que en las reuniones pedía bonos en lotes de 20 unidades mientras los demás si pedían, lo hacían de 5 en 5, me quedaban mirando entre sorprendidos y fastidiados. En la segunda semana Jaime, el responsable de los jóvenes se acerco y me pidió que dos militantes universitarios me acompañen para “aprender”. Uno no llego y el otro que llego temprano me acompaño durante dos horas manteniendo  un dedicado voto de silencio para luego acordarse de algo que tenía que hacer por encargo de su mamá. Mas tarde le informé a Jaime de este hecho y no vi de su parte reacción alguna, algo que me llamo la atención pero no le di importancia.

Nunca se informo el impacto de esta actividad, aunque mucho después supe que la mayoría de los militantes vendió entre 20 y 50 bonos en las tres semanas y los que menos vendieron fueron los jóvenes.  Mi campaña fue la más exitosa y con mi nula experiencia pude colocar más de 200 bonos  y logro darme una inesperada visibilidad al interior del Partido. En la siguiente reunión del equipo se informó que yo era considerado como militante. Algunos de mis compañeros se alegraron, yo la verdad no mucho, pero ya podía votar, elegir y ser elegido.

Mientras tanto, el ambiente político se estaba calentando. Ante el agravamiento de la crisis económica el gobierno del General Francisco Morales Bermúdez lanzo una serie de reformas que fueron bautizadas como un “paquetazo”. El Ministro de Economía, Walter Piazza y el Ministro de Trabajo Grados Bertorini, fueron los encargados de presentar el plan.

La mas importante medida fue la derogación del regimen de estabilidad laboral absoluta dispuesta por la misma dictadura el año 1970 y que mereció en su momento el aplauso de toda la izquierda. Su derogación fue muestra del “retroceso” y políticamente una declaratoria de guerra.

La respuesta fue una masiva movilización de los sindicatos y de las bases de las centrales sindicales, sobre todo en las principales ciudades del interior: Cusco, Arequipa, Huancayo, etc., para defender esa conquista laboral. Todo esto pese a no existir garantías civiles para los manifestantes.

En los hechos se formó un frente único de respaldo al paro nacional convocado para el 19 de Julio contra la dictadura militar, y por la vuelta a la estabilidad laboral absoluta. En este frente estaba toda la izquierda incluyendo al Partido Comunista que tenía la dirección de la CGTP. Esto último porque la mayoría, sino toda la dirección, léase Comité Ejecutivo Nacional, de la CGTP eran militantes del PC y eran conocidos los nombres de Isidoro Gamarra, Valentín Pacho, Gustavo Espinoza y otros. Eran tiempos previos a la caida del Muro de Berlin y los Partidos Comunistas en todo el mundo eran apoyados (lease subvencionados) por la URSS.

El Ministro de Economía, el conocido empresario Walter Piazza renuncio en un intento por calmar los ánimos, pero la movilización por el Paro era indetenible.

El Paro del 19 de Julio fue no solamente acatado por la población, sino que fue acompañado de intensas movilizaciones en todo el país. Desde las primeras horas del día piquetes de huelguistas bloquearon las principales vías de comunicación y marcharon hacia el centro de las principales ciudades del país. El gobierno a pesar de la orden de toque de queda e inmovilidad social que decretó no pudo detener las protestas callejeras que fueron masivas.

La indicación del PST fue que todos los militantes, simpatizantes y amigos debían participar en esas movilizaciones para mostrar nuestro respaldo a la medida de lucha de los trabajadores.

Este Paro Nacional uno de los más importantes hitos de protesta ciudadana que se ha dado en el país y sin duda acelero la salida de los militares del gobierno.

A los pocos días después del Paro y acusando el golpe político el presidente Morales Bermúdez aparece en televisión para anunciar un programa de retiro ordenado de los militares, el restablecimiento de los derechos civiles, las libertades democráticas y la convocatoria a elecciones para una Asamblea Constituyente.

El gobierno dado el desgaste producto de los años en el poder, establecía así una salida controlada que les garantizaba que no habría futuras represalias hacia ellos y que los cambios establecidos en sus medidas políticas y económicas permanezcan.

Pero la represalia por el éxito del Paro no se hizo esperar, Morales Bermúdez emite un Decreto Supremo que autorizaba el despido de los dirigentes sindicales que hayan participado, organizado o promovido el Paro del 19 de Julio. Se estima en 5,000 los dirigentes sindicales que fueron despedidos al amparo de este Decreto casi todos los más combativos de su sindicato.

La reacción ante la ola de despidos fue tardía y el Paro Nacional por la reposición de todos los despedidos prevista para el 20 de setiembre del mismo año fracaso. Aunque su reposición quedo como una bandera de lucha acompañando al aumento de sueldos y salarios o al control de precios de los productos de primera necesidad, nunca se logró que ese contingente de sindicalistas fuera repuesto.

Entre Julio de 1977 y mayo del 78 se realizaron tres paros nacionales más que no lograron hacer retroceder al gobierno y por el contrario desgasto a la dirigencia sindical por los despidos que ocasionaba y los reiterados Estados de Emergencia que disuadía las movilizaciones.

El PST que desde un año antes venia señalando este plan, denuncio que la dictadura quería imponer una Asamblea Constituyente limitada a redactar una nueva Constitución donde se consagraría el modelo económico y político implantado por ella: fuerte participación del Estado en la economía, léase numerosas empresas estatales, control de precios incluido el tipo de cambio del dólar, rigidez laboral, etc.

Ver como el escenario político nacional iba desarrollándose conforme lo había esbozado la dirección del partido con meses de anticipación me demostró la fortaleza de su método de análisis. Sin embargo, no me percate que a la sombra de esa fortaleza se escondia la casi absoluta incapacidad de capitalizar sus aciertos y construir una organización: ganando y organizando nuevos miembros.

Esta muda resistencia de los militantes que yo habia visto cuando los estudiantes rehuyeron a aplicar la política elaborada por la Dirección, y que hacia estéril al partido, devenía en inútil la política, en inexistente el trabajo de los militantes y en formal la autoridad de sus dirigentes.

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