EL ULTIMO SOLTERO

Llego a mi casa un sábado en la tarde y encuentro al último de los hermanos de mi papá viendo TV, más que sentado, repantigado en el mueble.

Hola tío.

Hola hijo. Tus papas a qué hora llegan.

No se tío.

Ok.

Siguió viendo televisión.

Un rato más tarde entra mi papá apurado, Ve a mi tío y mientras sorprendido mira su reloj, le pregunta “Oye Ricardo, ¿Qué haces acá? No te casas a las 6:30?”

Mi tío, quien se había parado de un salto al verlo entrar, le contesta; “Sí”

Mi papá aun tranquilo pero extrañado, dice: “Son un cuarto para las 6. ¿Porque no te vas a cambiar?”

Mi tío : “No tengo terno”

Mi mamá entraba en ese momento y alcanzo a escuchar la repuesta. No pareció sorprenderse.

Mi papá ya serio, repitió en forma de pregunta “¿No tengo terno?” y volteo a mirarnos. Nosotros volteamos a mirar al tío. Mi papá se transformó y soltó el primer carajo de los dos que le he escuchado en toda la vida. Cuando una persona es tranquila y no suele usar lisuras para condimentar su lenguaje, choca cuando las usa. Todos nos quedamos en silencio.

Y empezó a dar órdenes

” Tú conoces al cura. Habla con él. Que retrase la ceremonia media hora o una hora mejor”, 

“Limpia el carro y no prendas la radio”, 

“Anda cómprale una cuchilla de afeitar”, 

y al novio : “Ven. Pruébate estas dos camisas y fíjate cual te queda mejor. Y estos dos sacos también. RA PI DO !” “Me voy a bañar”

Al rato 

“¿Y qué paso?”.

Ninguna de las camisas y ninguno de los sacos, le quedaban. El cuello de mi tío era la mitad del de mi viejo.

“Anda báñate, aféitate y ponte esta camisa. RAPIDO”

Unos minutos después. Nuevamente “Qué paso?”

“Ya. Hable con el cura. La misa esta postergada para las 7:30. “

“¿No te preguntaron por qué?”

“Si y le dije que la madrina que sufría de presión alta se había desmayado, y que el medico estaba por llegar para revisarla. No queremos que le pase algo en plena misa”

“Ok”.

“La Sra. Susana cuando se entere que son las 6:10 y su hijito. el novio no tiene ni un par de zapatos para su boda le va a dar un chucaque de verdad”

“Hay que llamarla para avisarle que no llegue a la iglesia todavía”. “Ok”

Sale mi tío de la ducha afeitado, peinado y vestido, con cara de circunstancias.

“Cambia de cara, se supone que es el día más feliz de tu vida”

“Pobre chica” dice mi madre mirándolo fijamente. Ella no se mordía la lengua y el temía esa acidez.

“Vamos ya" dice mi papá. “Tenemos que comprarte lo que falta y llegar a la iglesia antes de las 7:30”.

“¿Y los aros?” Pregunta mi mamá. Suspenso. 

“Acá están”. Alivio. “Dámelos.” 

Y añadió en voz baja mirando a mi papá “Este es capaz de perderlos”

El asintió en silencio. Se fueron.

Nosotros no fuimos al matrimonio de mi tío.

Mas tarde en la noche mis viejos volvieron con un par de primas.

Mi papá se sentó en la sala a leer, mientras mi mamá y mis dos primas comentaban en la cocina lo que había pasado, en el trayecto de la casa a la iglesia. Por supuesto nosotros estábamos en la cocina escuchando que había pasado.

Fueron a la zapatería que estaba más cerca en la ruta a la iglesia. Compraron los zapatos.

De allí a la sastrería. Le compraron una camisa blanca que le quedaba perfecta en el cuello y tórax, pero las mangas aun dobladas para los gemelos le cubrían la mitad de las manos

No encontraron un terno que le quedara exacto, así que compraron el que le quedaba mejor. El saco estaba bien, pero al largo del pantalón le sobraban como cinco centímetros.

Así que en la misma sastrería compraron agua e hilo y mi mamá, ya en el carro, se puso a hilvanar para acortar los pantalones y las mangas de la camisa. Mi tío se terminó de vestir en la parte de atrás del carro camino a la iglesia. Los zapatos nuevos que le quedaron bien al probarlos, lo estaban matando a la hora de ponérselos.

Fíjate el número.

Acá en la caja dice que son 41.

¿Te vas a poner la caja? Mi mamá

Fíjate el número de los ZAPATOS. Mi papá.

Ahh Son 40!

Ponte los zapatos al llegar. Mi papá.

Estaban llegando tarde.

Mi papá le hizo el nudo de la corbata mientras manejaba.

La correa no tenía el hueco en el lugar correcto. Solo había dos posiciones un hueco que le apretaba dolorosamente la cintura y el otra contiguo que no ajustaba bien, por lo que después de dos o tres pasos se le empezaba a caer el pantalón. Necesitaba hacer un hueco intermedio. No había solución. Espera hasta el final y al llegar a la iglesia se ajustó el cinturón, se puso los zapatos y bajó del carro.

Mi papa lo esperaba para enderezarle la corbata, cerrarle el saco y darle una última mirada. La madrina ya lo esperaba en la puerta.

Mi mamá comenta: “La madrina o es una gran actriz o de verdad está enferma.”  Estaba en la puerta de la iglesia apoyándose en el brazo de una sobrina que le llevaba una cabeza de alto.

El tío se transformo, su caminar no delataba que le apretaban los zapatos, y sonriente llego al altar.  Espero tranquilo. saludaba con venias a los asistentes y sonriendo también recibió a la novia. Nadie podía imaginarse que hacia una hora el novio estaba desparramado en un sofa viendo TV. 

Mi tío en realidad estaba sufriendo un calvario. Entre los zapatos y la correa estaban acabando con el y para colmo empezó a sudar. No tenia pañuelo. Mi papa le alcanzo el suyo, Unos minutos después no soporto más y quiso aflojarse la correa un instante para aliviar el dolor y volver a ponérselo. Hizo dos intentos y no pudo. Todos sabemos que para aflojar un cinturón apretado primero debes ajustarlo un poco más y así liberar la punta de la hebilla. Mi papa se acercó y discretamente con dos movimientos le soltó el cinturón diciéndole bajito “Agarra bien el pantalón y estate quieto”. 

Nadie se percato que el novio se habia sacado los mocasines y estaba pisando los talones. Cuando empezo la sesion de fotos para la novia aprovecho para disimuladamente ponerse los zapatos y reiniciar la batalla. 

Mi mama dijo todo estaba bien hasta que al momento de salir (el movimiento que había hecho el novio al momento de firmar provoco que la costura de una manga se soltara) se veía que una manga le llegaba hasta los nudillos. El flamante esposo miro a su cuñada pidiendo ayuda con los ojos.

“Jajaja. ¿Tu, qué hiciste tía?”

“¿Yo? Nada. ¿Qué podía hacer? Mire para otro lado. Y si me preguntaban, les digo que no lo conozco”

“Jajajajaja”

Mi prima "Hubieran usado ligas como el abuelo". 

"Si el abuelo usara ligas, no tuviera tantos hijos." 

“Jajajajaja”. Yo no entendi el chiste.

Vieras salir al novio con una manga más grande que la otra, caminando como si pisara huevos. Con una brazo llevaba a la novia. mientras ocultaba el otro dentro del saco.

Mis primas se reían con irreverentes ganas, hasta que mi papa que estaba leyendo en la sala en un contenido tono tranquilo, dijo “Ana, ven un ratito” Mis primas se despidieron de inmediato.

En la familia estos incidentes fueron motivo de broma en las reuniones de los domingos y mi tío con mucha “correa” lo tomaba a bien, como el fin de una etapa borrascosa de su vida. 

Tiempo después nos conto el tío que quiso cambiar los zapatos, pero no se lo aceptaron porqué la zona de los talones estaban arruinados.

Sé que él, cinco hijos después, se ha vuelto a casar y estoy seguro que con la experiencia ganada esta vez lo hizo mejor.  Por lo menos eso esperamos.

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