PULSEADA

Siempre que podían se reunían a conversar, tomar unas cervezas y hablar de futbol, política o del personaje que todos tenían en común: Serafín Márquez. El juez de paz de Chala, primera generación de chinos, delgado y nervudo, sus rasgos orientales y la pulcritud personal que ostentaba trasuntaba autoridad. Débil por el poder y las mujeres, se había casado con una de las chicas más guapas de la ciudad, Dolores Denegri. La Lola, mujer de extraña belleza de pelo negro y ojos verdes, sin que por ello abandonara el sus devaneos. Con ella tuvo 10 de sus 14 hijos.

Esta vez estaban reunidos sus hijos Perico, Jorge y Andrés y sus yernos James y Julián. Como cada año el chino (así le decían todos a sus espaldas) a fines de setiembre llegaba a Lima a pasar su mes de vacaciones. En octubre el no hacía nada, excepto ir los sábados en la noche a la Bim Bam Bum, el espectáculo de mujeres con escasa ropa en Lima y para el cual exigía a sus hijos que le compraran asientos en primera fila. Los domingos era infaltable  en Acho. Todo el resto de la semana solo leía los periódicos, escuchaba la radio, comía su ración diaria de uvas verdes, peladas y despepitadas que le preparaba solo Lola y esporádicamente salía a pasear un rato con ella. Al decir de quienes los veían, cada año se parecían mas.

Era un grupo familiar singular, de sus hijos Perico (Isidro) era el más hablador, aun no tenía 40 años y ya tenía el pelo completamente blanco igual que su padre y lo peinaba igual que el con raya a la izquierda, Jorge el hermano mayor había heredado la combinación de grandes ojos verdes y el pelo negro y lacio de su madre que peinaba hacia atrás, Andrés era el tío guapo, adorado por las sobrinas y el hermano menor engreído por sus hermanas, había heredado el entusiasmo por las mujeres de su padre, pero con un estilo más ruidoso. Atrevido desde pequeño, casi se mata lanzándose al mar desde el muelle por una apuesta. Le encantaba correr en auto, salir de Chala y llegar a Lima (621 Kms) en menos de 6 horas, esa era su idea del inicio de un divertido fin de semana de soltero.

En el caso de sus yernos, de Julián esposo de Luisa decían que era hijo del cura de su pueblo Pullo en Ayacucho, fornido, de pelo lacio peinado hacia atrás, le atribuían parecido al Presidente Belaunde, comparación de la que él se reía, tenía un modo particular de hablar usando muletillas, una de las cuales era "siempre calculando", tranquilo y buen conversador se llevaba muy bien con James el otro yerno, esposo de Ana. Julián osaba en buena onda retar a James un norteño, hijo de norteños (Trujillo) a demostrar quien preparaba el mejor cebiche. El reto se cumplía en casa de uno de los dos e incluía apuesta adicional. Naturalmente siempre ganábamos los comensales. Al grupo, esta vez lo acompañaba Ricardo hermano menor de James.

Ese día sábado habían ido al Estadio Nacional a ver un doblete del Campeonato. Jugaban Deportivo Municipal (ediles les llamaban) y Universitario de Deportes. El primer partido era el de los juveniles de ambos equipos y el segundo era el de los equipos de primera. Este prometía ser un partido duro, el “Muni” necesitaba ganar los dos puntos para alcanzar el segundo puesto a tres fechas de la finalización del campeonato. Ver jugar a Tito Drago era una de las atracciones del partido. Chato, flaco y mandón era el cerebro del mediocampo del Municipal e ídolo de James.

Terminado el partido, cruzaron el Paseo de la Republica (las obras del zanjón se iniciarían dos años después) hacia La Victoria y conversando animadamente subieron por Unanue hacia Iquitos donde ingresaron a un bar y pidieron 6 cervezas y algo de la lista de piqueos y sándwiches que ofrecían. Atendidos rápidamente, dieron buena cuenta de lo pedido, mientras la conversación se animaba. El bar se llenó y parecía que todos habían estado en el Estadio.

Una hora después pidieron las 6 "ultimas". El vaso estaba servido delante de James y conversaban mientras esperaban que llegara el pedido. En eso, Perico que estaba sentado en línea recta hacia la puerta, dice "llego el Negro". El llamado "Negro" era un mecánico conocido en la zona, era voluminoso más que fornido y mal encarado; se había echado a perder luego que su esposa lo abandonara y fugara con un jovenzuelo de 20 años a quien él había visto crecer en el barrio. Andaba con la camisa abierta mostrando un bvd que delataba su oficio y las mangas remangadas, mostrando unos cortes atemorizantes. Se la pasaba ganándose la vida de cualquier manera.

El administrador del bar se hacía de la vista gorda desde que el negro rompió un escaparate y dejo sangrando a uno de los mozos al intentar sacarlo por la fuerza. No había encontrado la manera de librarse de él.

El negro se acercó a una mesa de jóvenes y sorprendiendo a los allí sentados tomo la botella que tenía un poco menos de un cuarto de cerveza y la bebió a pico. Los jóvenes, se sintieron disuadidos por el aspecto del "Negro" y no dijeron nada. El dejo la botella sobre la mesa sonrió y se fue.

Se acercó a la mesa donde estaban ellos y solo vio una botella vacía y un vaso servido. Con actitud desafiante y atrevida, a pesar que todos lo estaban mirando se inclinó y cogió el vaso, pero antes que pudiera levantarlo de la mesa, James lo sujeto de la muñeca y mirándolo directamente a la cara le pregunto "¿Quieres tomar cerveza?"

Todos en la mesa se sorprendieron. El Negro sorprendido también contesto "Si. ¿Porque?".

"Vamos a hacer algo mejor. Escúchame. Si tú me ganas en pulseadas te sientas y tomas con nosotros gratis. Si yo gano te cierras la camisa y calladito te vas".

Todo el bar se quedó en silencio, escuchando. Nadie nunca le hablaba al Negro y menos para retarlo.

El Negro sonriendo con suficiencia le pregunto "¿Con la derecha o con la izquierda?"

"Con las dos" le respondió "Solo debes ganarme con una de las dos, cualquiera"

"Ya"

El Negro jalo una silla y se sentó al lado de James en posición para jugar primero con la derecha.

Algunos parroquianos se pararon de sus sillas. El administrador desde la caja se había parado a mirar lo que pasaba, era la primera vez que alguien encaraba al Negro sin usar la violencia.

Empezaron. Hubo silencio. Diez segundos después el Negro estaba con el brazo derecho sobre la mesa. La cara del Negro mostraba sorpresa y fastidio. Los demás miraban en silencio. Ricardo estaba sonriente y feliz de ver a su hermano mayor ganarle al Negro.

Se acomodaron nuevamente. El Negro se quitó un anillo de acero que usaba en la mano izquierda y se puso en posición para jugar.

Empezaron. Esta vez fue más rápido. El Negro quedo con el brazo izquierdo derrotado sobre la mesa. Todos los de la mesa sonrieron aliviados mientras un murmullo de satisfacción se escuchó en todo el bar. Los mozos comentaban entre si y el administrador sonreía.

Los cuñados no conocían así a James. Ricardo había encontrado a su ídolo en su hermano mayor.

El Negro lo quedo mirando y solo atinó a decir "Tienes fuerza". "No es fuerza. Negro. Ahora ciérrate la camisa" El Negro se paró, se cerró la camisa y se fue.

"Y si te ganaba?" pregunto mi tío Perico manifestando el temor que lo había invadido.

"No lo creo. El Negro es fornido, pero no es fuerte"

Pero mi tío Andrés fue lapidario, dirigiéndose a su hermano mayor con esa media sonrisa que le conocíamos dijo: "Oe Perico, si James no le tiene miedo a Ana, le va a tener miedo al Negro?"

La mesa exploto en risas. Todos conocían el genio de doña Ana.

El mozo que los había estado atendiendo estaba parado con las botellas que habían pedido mirando el juego, se despabilo y puso las botellas sobre la mesa. James le entrego el vaso de la disputa para que lo cambiara.

Todos se animaron y la conversación se reinició. Cuando el mozo regreso con un nuevo vaso, dejo 2 cervezas adicionales en la mesa y dijo "Aquí le mandan de esa mesa".

Todos voltearon a mirar y se encontraron con que la mesa de los jóvenes que habían sido "victimas" del Negro, les levantaban el pulgar y les decían salud desde su mesa, inmediatamente ellos devolvieron el saludo y el ambiente se animó aún más.

Al retirarse el Administrador que estaba en la caja, se despidió de ellos con una sonrisa y diciéndoles: "Muchas gracias. Vuelvan pronto"

El Negro no sabía y sus cuñados tampoco, que James en su adolescencia había practicado lucha grecorromana durante dos años y que parte de su entrenamiento era hacer pulseadas con alguien de mayor peso que él.

La última vez que James hizo pulseadas fue unos diez años después contra sus cuatro hijos juntos cuando el mayor tenía 15 años. No pudieron doblarle el brazo. Ni el derecho, ni el izquierdo.


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