EL BRILLO DE SUS OJOS.

[ANÉCDOTA] De ella me llamaban la atención dos cosas: lo bien que le quedaban las pecas y su media sonrisa natural y agradable.


La veía casi todos los días, ya que nuestras rutas se cruzaban. 

Ella saliendo del colegio rumbo a su paradero, siempre caminando tranquila y acompañada con alguien; yo regresando apurado a casa para almorzar y retornar al colegio en la tarde. Nos saludábamos con un ligero gesto.  

De repente un día, esa ocasional media sonrisa se convirtió en una sonrisa franca y casi permanente. Intrigado, me pregunte “¿Cómo alguien puede sonreír siempre así?”. “ ¿Por qué?”
Evidentemente la vida aun no me daba la suspicacia necesaria para adelantar respuestas.

Personalmente reconozco estar / tener tres estados básicos: tranquilo, sonriente y carcajadas. Sonreír natural y casi permanentemente es extraño para mí.
Me decía: Alguna vez tendré la oportunidad de conversar con ella y saber por qué.

Mientras tanto, la rutina de cruzarnos casi diariamente continuaba.
La oportunidad llego. Su promoción organizo una fiesta pro fondos en un local cerca de la casa de ella.

Cuando llegue a la fiesta ella no estaba. Decepción momentánea, porque la fiesta era un éxito y naturalmente me sumergí en ella. Así sucede.

Recuerdo claramente que para esa fiesta habían contratado a una banda que tocaba muy bien pero cuyo nombre nunca supe. Interpretaron una canción que me gustó mucho, sobre todo por el acorde central y el rol de la primera guitarra. La verdad, no sabía que había escuchado por primera vez una de las canciones del que sería mi guitarrista favorito.

Al finalizar la canción me acerque a la banda y le pregunte a uno de ellos como se llamaba la canción y con la bulla que había en ese momento en el escenario solo escuche: blablablabla Clapton.

La verdad es que posteriormente supe –por supuesto con la ayuda de Radio Miraflores- que me había dicho Cream, Sunshine of your love, Eric Clapton.

La fiesta continuó.
Ella no llegaba.
La fiesta terminó.

Las luces de color y toda la parafernalia de discos cortadores, semáforos, fluorescentes y bolas de espejos se apagaron, las luces habituales se prendieron, la realidad se apodero otra vez del local. 

La gente fue saliendo, una que otra pareja conversaba por allí, un grupo de chicos por allá, otro de chicas por acá.

Mientras esperaba a mi hermana para regresar juntos a casa, miraba tranquilo como la banda desarmaba sus equipos. Cerca mío, las chicas de la promoción estaban cuadrando las cuentas.

En eso apareció. Con una sonrisa mejor que la que yo le conocía, tenía los ojos brillantes y estaba despeinada – como si hubiera venido en moto- pensé.

“Hola”, saludo a todos. “Miren la hora a la que llego” dijo casi riendo. Sus amigas le sonrieron de manera cómplice. Ella vivía literalmente a dos cuadras del local ¡!

Detrás suyo llego alguien a quien presento como “su chico”, pero la verdad es que el chico no era muy chico, era más bien grande.

“Hola”, saludo el “Tuvimos un problema con la moto” dijo sonriendo y mirando hacia ella, mientras me hablaba a mí. Ella le sonreía también. 

Me dio la mano y la mía casi desapareció dentro de la suya. Tenía manos gruesas y si bien no lucía una gran sonrisa, igual que ella tenía también los ojos brillantes.

Bueno, pensé, ya tengo la respuesta de porque ella sonríe así: está enamorada. Esa sonrisa tenia dueño.

Nos despedimos.
Luego de eso, la rutina cambio, ya casi no la veía.
Era natural, la vida debe continuar.

Tiempo después supe que se habían casado.

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