ENTRE LOS ODIOS Y LOS PRINCIPIOS

[OPINIÓN]
Los seres humanos somos auto justificativos de nuestro comportamiento, racionalizando nuestras acciones; por lo que más que seres con un comportamiento racional somos seres que racionalizan su comportamiento, dándole a este un sentido posterior a su ocurrencia sobre todo si este comportamiento produce los resultados que la sociedad valora.

En el caso concreto de PPK, estoy casi seguro que el cree que el actuar jugando el doble papel publico privado que le permitía generar grandes sumas de dinero era correcto por los resultados que le producían. El tema de los valores, la ética y la moral estaban relativizados. Mis empresas son legales, firmo contratos, extiendo recibos por honorarios, uso el sistema bancario, pago mis impuestos, etc. Y gano mucho dinero. ¿Cuál es la falta? El no la veía o no la quería ver. 

Su ética se adecua a sus intereses.  En ese sentido no se diferencia mucho de Fujimori o Montesinos. Por más que a AFF no le hayan encontrado un dólar. El permitir la acción de un agente corruptor como Montesinos, es el equivalente al no querer saber de PPK, y eso es lo condenable.

Y si, como en el caso de PPK, al verse descubierto no tiene problemas en mentir para ocultar este comportamiento, demuestra que su moral claramente es relativa a sus objetivos financieros. Miento si puedo conseguir lo que quiero. 

Esto que puede ser hasta aceptable en el ámbito de negocios privado, en niveles de gobierno que manejan recursos de un país es sencillamente inaceptable.

Imaginense que un Ministro de Economía (digamos Thorne) genera deudas para el país, porque en el proceso gana directa o indirectamente comisiones (millones de dólares). El podrá racionalizarlo justificando su accionar en la necesidad (real o imaginaria) de contraer la deuda. Seria aceptable ?

Pero atribuir su comportamiento individual al sistema, no resiste ningún análisis. 

Es más. Es en democracia, en un Estado de Derecho con libertad de expresión es cuando hay mayores probabilidades de combatir la corrupción.

Más de uno –y en el caso de la izquierda esto es más visible-, en este momento están atrapados entre sus odios y sus principios. Entre sus principios que le indican que lo hecho por PPK es moralmente reprobable y el odio a los fujimoristas a quienes ven como supuestos “beneficiarios” de esta supuesta 'victoria' política.

Puestos en el dilema, se retuercen, maldicen, recuerdan los 90s, sufren y finalmente puestos ante la encrucijada de optar entre sus principios y sus odios, optaran por sus odios y luego naturalmente racionalizaran su decisión u opinión

Es triste, pero es una muestra de cómo relativizar principios solo significa abandonarlos y siempre habrá una explicación “razonable” para hacerlo. 

Recordemos que la práctica constante del abandono de principios simplemente crea ciudadanos cínicos o amorales.




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